miércoles, 31 de julio de 2013

Mozart. Miserere mei Deus

Seguimos hoy con nuestra recorrido por los Miserere de la música sacra cristiana. Hoy nos detendremos en el que Mozart compuso, y que lleva el número 85 de su catálogo Kegel. Se trata de una obra compuesta a la sorprendente edad de catorce años, en Bolonia, durante su viaje a Italia en 1770. 

La obra, que consta de noventa y ocho compases, está escrita para tres voces a capella (contralto, tenor y bajo), pudiendo ser acompañadas por un órgano que interpretase el bajo continuo. Consta de diez movimientos: Miserere mei, Deus; Amplius lava me; Tibi soli; Ecce enim; Auditui meo; Cor mundum; Redde mihi laetitiam y Libera me. Lo escuchmos n una versión en directo del Coro de Cámara Dubrovnik. El texto podemos seguirlo en las entradas anteriores.

martes, 30 de julio de 2013

Byrd. Miserere mei Deus

El compositor inglés William Byrd también nos ha dejado una magnífica versión del salmo Miserere. Se caracteriza por su serenidad y solemnidad. Vamos a escuchar su comienzo en la versión del Coro de la Capilla Real de la Torre de Londres.



Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam. 

Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam.  


Ten misericordia de mi, oh Dios: conforme a tu gran misericordia. 

Y conforme a la multitud de tus piedades, borra mi maldad. 

lunes, 29 de julio de 2013

Carlo Gesualdo. Miserere.

El salmo cincuenta, conocido como el Miserere por su primera letras, es uno de los textos más conmovedores de todo el Antiguo Testamento. Se considera compuesto a propósito del pecado que David cometió con Betsabé, haciendo morir a su marido Urías. Reprochado por medio del profeta Natán, se arrepintió David de su pecado, y expresó a través de este salmo su dolorida conversión.

Sobre este texto se han compuesto obras musicales excepcionalmente bellas. Ya hemos escuchado anteriormente los de Allegri y Josquin de Pres. Hoy escucharemos la obra que Carlo Gesualdo compuso sobre este tema, de una sobriedad y altura mística extraordinarias.



Miserere mei, Deus, secundum magnam misericordiam tuam. 

Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam. 

Amplius lava me ab iniquitate mea: et a peccato meo munda me. 

Quoniam iniquitatem meam ego cognosco: et peccatum meum contra me est semper. 

Tibi soli peccavi, et malum coram te feci: ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris. 

Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum: 
et in peccatis concepit me mater mea. 

Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi. 

Asperges me hyssopo, et mundabor: lavabis me et super nivem dealbabor. 

Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exsultabunt ossa humiliata. 

Averte faciem tuam a peccatis meis: et omnes iniquitate meas dele. 

Cor mundum crea in me, Deus, et spiritum rectum innova in visceribus meis. 

Ne projicias me a facie tua: et spiritum sanctum tuum ne auferas a me. 

Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me. 

Docebo iniquos vias tuas: et impii ad te convertentur. 

Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae et exsultabit lingua mea justitiam tuam. 

Domine, labia mea aperies: et os meum annuntiabit laudem tuam. 

Quoniam si voluisses sacrificium, dedissem utique: holocaustis non delectaberis. 

Sacrificium Deo spiritus contribulatus: cor contritum et humiliatum, Deus, nos despicies. 

Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua sion: ut aedificentur muri Jerusalem. 

Tunc accetabis sacrificium justitiae, oblationes et holocausta: tunc imponent super altare tuum vitulos. 


Ten misericordia de mi, oh Dios: conforme a tu gran misericordia. 

Y conforme a la multitud de tus piedades, borra mi maldad. 

Lávame enteramente de mi culpa, y límpiame de mi pecado. 

Porque yo conozco mi maldad, y mi pecado está siempre ante mis ojos. 


Contra ti solo he pecado, y hecho lo malo delante de ti: porque te justifiques en tus palabras, y venzas en tu juicio. 

He aquí que en iniquidades fui engendrado, y en pecados me concibió mi madre. 
He aquí que amas la verdad: me has manifestado los misterios y secretos de tu sabiduría. 
Rocíame con hisopo y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. 
Hazme oir el gozo y la alegría, y saltarán de placer mis huesos apocados. 

Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades. 

Crea en mi, oh Dios, un corazón puro y renueva dentro de mi un espíritu recto. 

No me eches de tu presencia, y no quites de mi tu santo espíritu. 

Devuélveme el gozo de tu salvación, sosténgame un espíritu de príncipe. 

Enseñaré a los pecadores tus caminos, y los impíos se convertirán a ti. 

Líbrame de toda sangre, oh Dios, de mi salud, y cantará mi lengua tu justicia. 


Señor, abrirás mis labios, y mi boca anunciará tu alabanza. 

Porque si hubieras querido sacrificio, yo lo hubiera ofrecido: mas no te serán agradables los holocaustos. 

Para Dios es sacrificio un espíritu atribulado: el corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo despreciarás. 

Haz bien, oh Señor, con tu buena voluntad a Sión: para que sean edificados los muros de Jerusalén. 
Entonces aceptarás el sacrificio legítimo, las ofrendas y holocaustos: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros. 

domingo, 28 de julio de 2013

Cristóbal de Morales. Requiem.

El Evangelio de este domingo nos invita a dirigirnos con confianza a Dios, nuestro Padre. Pedid y se os dará, dice el Señor. Por eso, desde lo profundo de nuestro dolor por la trágica muerte de tantos hermanos en el accidente ferroviario de Santiago de Compostela, volvemos a pedirle al Señor que tenga misericordia de nuestros hermanos. Para ello, hemos escogido una de las piezas más impresionantes del repertorio polifonico: el Requiem a cinco voces de Cristóbal de Morales. Lo interpreta el Gabrielli Consort, dirigido por Paul McCreesh. 



Requiem æternam dona eis, Domine, 
et lux perpetua luceat eis.

Te decet hymnus Deus, in Sion, 
et tibi reddetur votum in Ierusalem.
Exaudi orationem meam; 
ad te omnis caro veniet.

Requiem aeternam dona eis, Domine, 
et lux perpetua luceat eis.


Concédeles Señor el descanso eterno, 
y que brillé para ellos la luz perpetua.

En Sion cantan dignamente tus alabanzas.
En Jerusalén te ofrecen sacrificios.
Escucha mis plegarias,
Tú, hacia quien van todos los mortales.

Concédeles Señor el descanso eterno, 
y que brillé para ellos la luz perpetua.

sábado, 27 de julio de 2013

Mozart. Requiem aeternam

Hoy queremos expresar nuestro dolor a través de una plegaria que, en sus pocas palabras, resume nuestra fe en las tristes circunstancias de la muerte: Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis. Es decir, Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Son muchas personas las que encontraron la muerte en ese tren, cerca de Compostela: jóvenes y mayores, hombres y mujeres, creyentes y no creyentes. Para todos, sin distinción, invocamos la misericordia del Señor. Vamos a hacerlo con el comienzo del Requiem de Mozart.

viernes, 26 de julio de 2013

Charpentier. Gaude felix Anna

Hoy celebramos la memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen maría. Ambos gozaron tanto en Oriente como en Occidente de gran veneración en la Antigüedad. La leyenda nos presenta a dos ancianos que no habían tenido hijos, siendo finalmente bendecidos por el Señor con una hija, a la que consagran al servicio de Dios: la virgen maría.

Sobre la prosa medieval Gaude felix Anna, compuso el músico francés Marc-Antoine Charpentier un motete para dos voces femeninas. el resultado es una pieza de gran hermosura, típica del barroco francés. La escuchamos en la versión grabada en la Universidad de Nueva York en 2011 a cargo de las sopranos Nia Rhein y Leanne Thorburn.



Gaude felix Anna
quae concepisti prolem
quae paritura erat mundi salvatorem.
Gaude felix Anna 
mater magnae prolis ex te processit
rutilans stella summi solis.
Gaude felix Anna
genetrix Mariae quae Deum virgo peperit
et es mater Mariae.
Gaude felix Anna
quae sola meruisti
ut esses mater virginis matris Jesu Christi.


Alégrate, feliz Ana, que concebiste como hija a la que habría de dar a luz al salvador del mundo.
alégrate, feliz Ana, madre de la gran prole que de ti saldría, como la estrella brillante precede al sol radiante.
Alégrate, feliz Ana, madre de María, que dio a luz a Dios, y eres madre de María.

Alégrate, feliz Ana, tú que fuiste a única digna de ser madre de la virgen madre de Jesucristo.

jueves, 25 de julio de 2013

Códice Calixtino. Clemens servulorum.

Ayer escuchábamos un responsorio del Calixtino. Hoy, en la solemnidad del Apóstol, nos detendremos en la prosa Clemens Servulorum. Las prosas eran himnos o letanías extensas, que podían interpolarse en la celebración de la eucaristía. La forma de la prosa consiste en una frase musical que canta la Schola, seguida de su repetición a cargo del coro. El texto consiste en una sucesión de peticiones al Apóstol. Lo volvemos a escuchar en la versión del coro de Monjes de Santo Domingo de Silos.



Clemens servulorum, 
gemitus tuorum, 
Iacobe, iuva.

Flos apostolorum, 
decus electorum, 
Iacobe, iuva.

Gallecianorum 
Dux et Yspanorum, 
Iacobe, iuva.

Te clamant cunctorum 
voces seculorum, 
Iacobe, iuva.

Te desolatorum 
levamen reorum, 
Iacobe, iuva.

Trifera morborum 
gera infirmorum, 
Iacobe, iuva.

Qui seras captorum 
solvis miserorum, 
Iacobe, iuva.

Tu solve nostrorum 
vincla delictorum, 
Iacobe, iuva.

Sis peregrinorum 
salvator tuorum, 
Iacobe, iuva.

Da regna polorum 
nobis, spes lapsorum, 
Iacobe, iuva.

Ergo laus nostrorum 
Deo sit cunctorum, 
Iacobe, iuva. Amen.


A tu pobre gente, que gime, clemente, Santiago, ayuda.


De apóstoles flor, de electos honor, Santiago, ayuda.


De los gallegos guía, y los hispanos, Santiago, ayuda.


Te invocan montones de generaciones, Santiago, ayuda.


De los desolados alivio, y penados, Santiago, ayuda.


De todo doliente remedio eficiente, Santiago, ayuda.


Que das libertad de cautividad, Santiago, ayuda.


Del yugo de nuestros delitos líbranos: Santiago, ayuda.


A los peregrinos guarda en los caminos, Santiago, ayuda.


Tú, esperanza de los cautivos, llévanos al Reino de los Cielos: Santiago, ayuda.


Y a Dios alabemos todos cual debemos, Santiago, ayuda. Amén.